La sobrecarga de trabajo no remunerado limita la autonomía y el empoderamiento de las mujeres rurales
Zacatecas, Zac., 15 de octubre de 2026.
La sobrecarga de trabajo no remunerado en el hogar, las labores de cuidado, las tareas domésticas, así como las actividades en parcelas y huertos, limita la autonomía y el empoderamiento de las mujeres rurales, coincidieron participantes del X Seminario de Investigación: Desafíos Agrarios y Económicos de la Mujer Rural, realizado en el marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales.
Durante el encuentro académico, mujeres rurales e investigadores señalaron que los territorios rurales enfrentan múltiples desafíos relacionados con la sobrecarga laboral femenina y las limitadas oportunidades para acceder a la tierra, participar en la toma de decisiones sobre los recursos, obtener financiamiento y desarrollar proyectos productivos.
Por ello, destacaron la importancia de documentar y registrar los avances logrados por las mujeres rurales para fortalecer los procesos de autonomía y empoderamiento. En ese sentido, recuperaron la frase: “Más vale una raya mal hecha que una memoria lúcida”, como una expresión de la importancia de preservar la memoria y la resistencia territorial de las mujeres.
Reunidos en el Aula del Doctorado en Investigaciones Económicas y Sociales (DIES) de la Unidad Académica de Economía (UAE), los asistentes reafirmaron que las mujeres rurales habitan territorios marcados por la desigualdad en el acceso a la tierra, la participación en el trabajo productivo no remunerado de las parcelas, las labores de cuidado, el trabajo comunitario, la toma de decisiones sobre los recursos y el acceso a apoyos institucionales.
Entre las participantes estuvo Lucero de Monserrat García Cid, productora avícola del municipio de Morelos, quien explicó que desarrolla esta actividad durante su tiempo libre con el propósito de fortalecer la convivencia familiar. Su producción está dirigida a personas interesadas en estilos de vida más sustentables y en la recuperación de prácticas ancestrales.
Comentó que esta labor exige dedicación permanente, las 24 horas del día, los siete días de la semana. Mientras cumple con su empleo asalariado en una empresa vinculada al sector del transporte y la logística para la industria cervecera, otros integrantes de su familia colaboran en las tareas de producción. Asimismo, señaló que algunas actividades demandan fuerza física adicional y el apoyo de otros miembros del hogar.
También participó Esperanza García Goytía, habitante de la comunidad Nicolás Bravo, en el municipio de Saín Alto, quien compartió los desafíos que enfrenta debido a la escasez de agua. Dedicada a la agricultura y a los huertos de traspatio, manifestó que heredó de su familia el amor por la tierra, los animales y la producción de alimentos. Sin embargo, señaló que el elevado costo de los insumos agrícolas dificulta la rentabilidad de la actividad, por lo que en muchas ocasiones se trabaja por convicción y arraigo más que por beneficios económicos.
Además, expuso problemas como los bajos precios de comercialización, el coyotaje y la migración de familiares. Paralelamente desarrolla actividades de fotografía y producción audiovisual que promueve a través de redes sociales, sin abandonar sus raíces ni el orgullo de ser mujer rural. Entre sus responsabilidades también se encuentran el liderazgo comunitario y religioso, las labores del hogar, el trabajo en la parcela, el cuidado de hijos, nietas y nietos, así como la conducción de maquinaria agrícola. Incluso, relató, ha trabajado como obrera para contribuir al sostenimiento económico de su familia.
Durante las intervenciones se destacó que, en el ámbito rural, la medición del acceso a la tierra suele centrarse en la cantidad de hectáreas disponibles, sin considerar la capacidad real para decidir sobre la producción y el uso de los recursos. Asimismo, se indicó que la economía del cuidado puede convertirse en un factor que reproduce desigualdades y distintas formas de violencia hacia las mujeres rurales, quienes además enfrentan contextos de inseguridad, presencia de grupos armados y explotación laboral.
Los participantes señalaron que en algunos territorios de América Latina únicamente el 36.3 por ciento de las mujeres tiene acceso a la tierra, e incluso existen regiones donde ningún departamento alcanza condiciones de paridad.
Agregaron que detrás de estas cifras persisten estructuras agrarias desiguales, ya que más del 60 por ciento de los predios corresponde a microfundios. Además, cuando las mujeres son propietarias de la tierra, generalmente poseen parcelas pequeñas con escaso margen para sostener proyectos productivos de largo alcance.
Precisaron también que existe una distribución desigual del trabajo en el medio rural. Mientras el trabajo remunerado continúa concentrándose principalmente en los hombres, el trabajo no remunerado recae mayoritariamente en las mujeres, llegando a representar hasta el 93.4 por ciento en algunas regiones. Añadieron que el uso del tiempo condiciona directamente la autonomía femenina: las mujeres destinan en promedio ocho horas con 35 minutos diarios a actividades no remuneradas, mientras que los hombres dedican cinco horas con 26 minutos.
Ante este panorama, subrayaron la necesidad de consolidar un Sistema Nacional de Cuidados que considere las particularidades de las mujeres rurales y evite que el trabajo de cuidados continúe funcionando como un subsidio oculto para la economía, sin reconocimiento social ni económico.
Asimismo, señalaron que los desafíos para las mujeres rurales abarcan aspectos como las políticas públicas, la seguridad en la tenencia de la tierra, las condiciones de producción, la infraestructura y la disponibilidad de tiempo para el cuidado.
Otro de los temas abordados fue la pobreza como factor que restringe las oportunidades de desarrollo. Indicaron que esta condición dificulta el emprendimiento, mientras que la carga de cuidados no remunerados profundiza la exclusión, limita el acceso a ingresos y perpetúa la vulnerabilidad. En contraste, afirmaron que cuando el cuidado se reconoce como un derecho universal y recibe respaldo institucional, se favorece el desarrollo humano y la igualdad de oportunidades.
Por ello, consideraron indispensable fortalecer la infraestructura de cuidados, reducir significativamente la carga de trabajo no remunerado que recae sobre las mujeres, ampliar las oportunidades de inserción laboral formal e impulsar el acceso a la educación. Estas acciones, señalaron, favorecerían mejores condiciones de empleo, mayores contribuciones fiscales y un fortalecimiento de los sistemas de seguridad social.
Finalmente, explicaron que las tareas de cuidado se concentran principalmente en la atención de la primera y segunda infancia, así como de las personas adultas mayores y otros integrantes de la familia que requieren acompañamiento permanente. Al permanecer invisibilizadas, dichas responsabilidades limitan las oportunidades de desarrollo, autonomía y empoderamiento de las mujeres rurales.
Por parte de la academia participaron las y los docentes investigadores Marisol Cruz Cruz, Manuel Alejandro Torres Ortiz, Jefersón Alexander González Morantes, Andrés Felipe Ortega Quintana y Humberto de Luna López. La moderación estuvo a cargo de Jaime Jovanny Escobedo González.
Texto: Marisol Cruz Cruz/ Fotos: Humberto de Luna López y Cristhian Castro/ Revisión: Pamela Girón.











