La transformación de la UAZ es responsabilidad de todos: Rafael Rodríguez Rodríguez
Zacatecas, Zac., 14 de septiembre de 2026.
“Hay logros que celebrar y cuidar, pero también deudas históricas que ya no se pueden posponer”, enfatizó el docente investigador de la Unidad Académica de Derecho (UAD) de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Rafael Rodríguez Rodríguez, al presentar el tema central para el presente y futuro de la Máxima Casa de Estudios. El especialista destacó que el Informe Rectoral constituye un ejercicio de transparencia que dibuja un mapa de luces y sombras.
El universitario llamó a no sumarse a la descalificación ni al amarillismo, sino a participar en un derecho universitario que permita analizar el quehacer institucional con profundo respeto a la UAZ. Subrayó que, pese a las tormentas, la Universidad sigue de pie, formando a miles de jóvenes y siendo motor de movilidad social en el estado.
En ese sentido, reconoció avances sustantivos como el inicio del proceso de autoevaluación para obtener, por primera vez en su historia, la acreditación institucional ante los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES), compromiso que refleja calidad y mejora continua.
Otro aspecto relevante, dijo, es el Protocolo de actuación para la prevención, atención y sanción de la violencia sexual, con comités de primer contacto en todas las unidades académicas, lo que coloca a la UAZ a la vanguardia en la protección de su comunidad.
Rodríguez Rodríguez sostuvo que el logro más significativo de la actual administración es la transparencia en el quehacer universitario, pues el informe rompe con la vieja narrativa del “aquí no pasa nada”. Presentar de cara a la sociedad la gravedad del déficit financiero y reconocer adeudos históricos con el ISSSTE y Hacienda, afirmó, no es un acto de debilidad sino de honestidad institucional, requisito indispensable para cualquier proceso de saneamiento. Cumplir con la obligación legal de rendir cuentas en tiempo y forma, añadió, es el primer paso para construir confianza.
Respecto al segundo bloque del informe, señaló que la UAZ enfrenta la cruda realidad de una deuda estructural cuyo origen debe rastrearse históricamente. Recordó que en 1981 la Universidad atendía a 14 mil alumnos en tres municipios, con 30 programas académicos y 776 plazas de tiempo completo autorizadas por la federación. Hoy, con más de 41 mil estudiantes, 147 programas y presencia en 18 municipios, las plazas reconocidas siguen siendo las mismas.
Esta asfixia presupuestal, explicó, obligó a las administraciones rectorales a autofinanciarse con recursos insuficientes, utilizando retenciones fiscales y dejando de pagar al ISSSTE y al SAT para cubrir plazas no reconocidas por la SEP.
“La semilla de la deuda no nació de la corrupción ni del dispendio, sino de un modelo de financiamiento que negó a la UAZ los recursos necesarios para cumplir su misión”, enfatizó. Condenó que se repitan frases como “barril sin fondo” o “caja chica”, pues el problema es estructural y político: la falta de reconocimiento de las plazas reales por parte de la federación. La ausencia de una explicación clara, añadió, ha permitido que se construya una narrativa ajena a la realidad.
El especialista sostuvo que la exigencia de transparencia debe acompañarse de una explicación precisa sobre cómo se llegó a esta situación, para que la sociedad comprenda que la UAZ no es víctima de su propia mala gestión, sino del abandono histórico en su financiamiento.
Finalmente, al referirse al tercer bloque del informe, destacó la propuesta de Reforma Universitaria como ruta correcta, siempre que se construya mediante foros de consulta incluyentes y aborde con valentía el tema de pensiones y jubilaciones, sin desproteger a las futuras generaciones. La reforma, dijo, debe ir de la mano con una austeridad efectiva y no simulada, y la autoridad no puede pedir sacrificios que no esté dispuesta a asumir primero.
Como meta final, Rodríguez Rodríguez planteó la necesidad de trabajar hacia un presupuesto constitucional o plurianual que otorgue certidumbre a la UAZ y libere a la institución del viacrucis financiero de cada fin de año. “Defender a la UAZ no significa ocultar sus fallas ni minimizar sus crisis; la verdadera defensa de la universidad pública se hace con honestidad, apego al derecho, autocrítica y trabajo diario de su comunidad”, concluyó.
Texto y fotos: Brisia Luna Reyes/ Revisión: Pamela Girón.

