Investigadora propone una ruta institucional para garantizar la inclusión de estudiantes neurodivergentes en la UAZ
Zacatecas, Zac., 29 de octubre de 2026.
Crear una mesa académica de inclusión que coordine los apoyos, las adaptaciones razonables y el seguimiento de estudiantes neurodivergentes es la propuesta de la docente investigadora de la Unidad Académica de Psicología (UAP) de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Verónica Adriana Pichardo Solís, presentada durante las mesas de diálogo para la construcción de la metodología de la Reforma Integral Universitaria.
En su ponencia “Inclusión y accesibilidad educativa para estudiantes neurodivergentes en la UAZ”, la investigadora explicó que garantizar el acceso a la educación superior no es suficiente si no existen condiciones para favorecer la participación, el aprendizaje, la permanencia y la conclusión de los estudios profesionales. Por ello, planteó establecer un procedimiento institucional que atienda las necesidades de cada estudiante, particularmente de personas con trastorno del espectro autista (TEA) y otras condiciones relacionadas con la neurodiversidad.
Pichardo Solís expuso que el primer paso consiste en identificar las barreras que enfrenta cada estudiante en su trayectoria académica, mediante entrevistas de orientación, solicitudes de apoyo o la detección de dificultades en el entorno universitario. Precisó que esta valoración no debe depender exclusivamente de un diagnóstico clínico, sino centrarse en las necesidades de la persona, respetando su autonomía y privacidad.
A partir de esta identificación, propuso elaborar un plan individual de apoyos y adaptaciones razonables, acordado con el estudiante y ajustado a sus circunstancias. Entre las medidas que podrían considerarse mencionó el uso de instrucciones claras, la entrega anticipada de materiales, adecuaciones en los procedimientos de evaluación, tiempo adicional cuando se justifique, espacios con menor estimulación sensorial y tutorías académicas. Aclaró que estos apoyos deben responder a cada caso y preservar los objetivos esenciales de aprendizaje de los programas educativos.
La docente investigadora señaló que la aplicación de las medidas requiere coordinación entre las autoridades académicas, el profesorado, los servicios de tutoría y las instancias de atención estudiantil. Para facilitar este trabajo, planteó utilizar una ficha de ajustes académicos que indique a cada docente las acciones que debe implementar, sin exponer información clínica innecesaria. Asimismo, destacó la importancia de capacitar al personal universitario en neurodiversidad, accesibilidad e inclusión educativa, para que cuente con herramientas que favorezcan la participación del alumnado.
Otro componente de la propuesta, explicó, es la participación activa del estudiante en las decisiones sobre sus apoyos. Añadió que la familia podría colaborar como una red complementaria cuando exista autorización y resulte pertinente, sin sustituir la responsabilidad de la Universidad ni limitar la autonomía de la persona.
Para verificar la efectividad de las medidas, Pichardo Solís propuso establecer revisiones periódicas, preferentemente al inicio y al cierre de cada semestre. Detalló que el seguimiento permitiría identificar nuevas necesidades y evaluar indicadores como los tiempos de respuesta a las solicitudes, la aplicación de las adaptaciones, la satisfacción estudiantil, la permanencia, la aprobación de asignaturas, el rezago y la conclusión de estudios.
La investigadora también precisó que el procedimiento debe contemplar mecanismos de consentimiento, acceso restringido y resguardo de los datos personales, de manera que cada integrante del personal universitario conozca únicamente la información indispensable para cumplir con sus responsabilidades.
Por último, la docente universitaria Verónica Adriana Pichardo Solís propone que la inclusión deje de depender de acciones aisladas o de la disposición individual de cada docente y se convierta en una responsabilidad institucional, sustentada en procedimientos claros, coordinación entre las áreas universitarias y evaluación continua. El propósito, expuso, es avanzar hacia una Universidad en la que las diferencias en las formas de aprender, comunicarse y procesar la información no representen obstáculos para el desarrollo académico y profesional del estudiantado.
Texto: Pamela Girón, con información y fotografía cortesía.

