El investigador Sigifredo Esquivel analiza la relación entre el discurso del odio y el fascismo contemporáneo
Zacatecas, Zac., 03 de noviembre de 2026.
En el marco del IX Coloquio Internacional de Argumentación y Retórica, se presentó la conferencia “Discurso del odio y fascismo”, impartida por el profesor investigador de las unidades de Docencia Superior y de Filosofía de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Sigifredo Esquivel Marín, quien analizó cómo las narrativas de odio y las prácticas autoritarias se extienden en la esfera pública, particularmente a través de los entornos digitales, y cómo inciden en la polarización social e ideológica.
Durante su exposición, señaló que el discurso del odio y el fascismo actual conforman una dupla que se propaga de manera preocupante mediante nuevas estrategias discursivas y narrativas. En las sociedades digitales, explicó, estas prácticas movilizan mecanismos micropolíticos de dominación, integración y polarización, en los que la intolerancia, el odio y la violencia se convierten en estandartes de confrontación y de lucha contra quienes son considerados diferentes.
Al abordar el funcionamiento de estas narrativas, tomó como referencia las campañas presidenciales de Donald Trump, Javier Milei y Jair Bolsonaro, para mostrar cómo la extrema derecha construye discursos autoritarios a partir de una supuesta guerra cultural contra los enemigos de la nación. Este proceso, expuso, comienza con la invención de una nación homogénea, sin fisuras, sustentada en valores tradicionales e inquebrantables, como la familia, la religión y un Estado-nación fuerte. Posteriormente, se identifica al otro como representante del mal y una amenaza para el bien común, para después movilizar a la opinión pública en su contra.
En esta lógica -precisó-, el enemigo puede ser identificado como comunista, migrante, político de izquierda o integrante de una minoría racial o étnica. Cualquier diferencia se presenta como una amenaza al orden establecido y, bajo esa narrativa, se justifica la necesidad de someter, adoctrinar o incluso eliminar al otro.
El investigador también advirtió sobre la manera en que este modelo transforma el papel de la información y la comunicación, al ponerlas al servicio de una causa y de un liderazgo. “La información, la comunicación y la propaganda son una misma cosa y una misma causa al servicio de ese discurso y de su líder”, afirmó. En ese contexto, incluso los hechos comprobables pueden ser rechazados cuando se consideran contrarios al orden que se pretende defender, pues se les atribuye la intención de destruirlo.
Esta dinámica, agregó, modifica y tergiversa la propia lógica de la argumentación. En lugar de buscar razones sustentadas en la verdad y con autonomía moral, jurídica y ético-política, los argumentos se valoran por su utilidad para defender una causa considerada superior a la verdad, la lógica y la propia argumentación. De esta manera, argumentar deja de ser un fin y se convierte en un instrumento de confrontación dentro de la llamada guerra cultural.
En ese escenario, las emociones, los afectos y los sentimientos adquieren un papel central, porque se busca ganar adeptos y debilitar al adversario. La verdad doctrinaria, señaló, se asume de antemano como superior a cualquier verdad fáctica, lo que desplaza el análisis crítico y la posibilidad de un diálogo sustentado en razones.
Frente a este panorama, Esquivel Marín sostuvo que es posible construir respuestas desde otras narrativas y prácticas ético-políticas, democráticas, antifascistas, anticapitalistas y antimaniqueístas. Como ejemplo, mencionó el llamado “ejército de Lula”, una experiencia de autoorganización de la sociedad civil brasileña que, de acuerdo con su análisis, permitió articular una estrategia de resistencia frente a las narrativas de odio, la desinformación y el control mediático de los grandes grupos de comunicación, en el contexto de las elecciones en Brasil.
El ponente consideró que, además de realizar diagnósticos críticos y reconstruir la genealogía de las prácticas discursivas fascistas, es necesario generar otras formas de pensar, debatir y sentir. En particular, propuso recuperar la dimensión sentipensante desde la educación y la formación de una esfera pública crítica, solidaria y atenta a las necesidades del prójimo.
Asimismo, planteó la necesidad de establecer criterios normativos sustentados en un nuevo pacto multiespecie y en la justicia social para los sectores más desprotegidos, como principios de una visión no antropocéntrica ni eurocéntrica. A ello sumó la importancia de confrontar la retórica del odio mediante una pedagogía del amor radical, entendida como una potencia de autocreación humana y de construcción de vínculos solidarios.
Al concluir, el docente investigador llamó a no desanimarse ante el avance de estas expresiones autoritarias y a mantener abiertos los espacios de reflexión y diálogo: “Aquí apenas hemos bosquejado un apunte para seguir conversando, porque lo importante es no desanimarnos ante la embestida brutal de los nuevos fascismos”, concluyó.
Texto: Brisia L. Reyes / Fotos: Filomeno Pinedo y Brisia R/ Revisión: Pamela Girón.





