La fábula novohispana revela la construcción de una identidad criolla en el México de los siglos XVIII y XIX
• Investigadores de la UAZ analizaron el carácter político, social y cultural de este género literario durante el 2º Ciclo de Conferencias “De la Academia al Museo”
Zacatecas, Zac., 09 de octubre de 2026.
Las fábulas escritas en la Nueva España entre finales del siglo XVIII y principios del XIX no fueron únicamente relatos destinados a transmitir enseñanzas morales; también constituyeron, de acuerdo con lo expuesto por investigadores de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), un espacio para expresar posturas políticas, cuestionar aspectos de la sociedad de su tiempo y reflejar la progresiva construcción de una identidad propia. Este fue uno de los principales planteamientos de la conferencia “Identidad criolla en la fábula novohispana de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX”, con la que inició el 2º Ciclo de Conferencias sobre Estudios Novohispanos “De la Academia al Museo”.
Organizado conjuntamente por la Unidad Académica de Estudios de las Humanidades (UAEH) de la UAZ y el Museo de Guadalupe del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Zacatecas, el ciclo se desarrolla en el marco del 25 Festival Barroco de Guadalupe, Zacatecas 2026, y contempla un total de ocho conferencias.
En esta primera sesión participaron como conferencistas el coordinador académico de la UAEH y docente investigador del Doctorado en Estudios Novohispanos (DEN) de la UAEH-UAZ, Víctor Manuel Chávez Ríos, y la docente investigadora y egresada del DEN, Nancy Erika Acuña Aguayo, quien actualmente realiza una estancia posdoctoral en la UAEH-UAZ. La investigación fue presentada en coautoría y forma parte de un proyecto de largo aliento dedicado al rescate y estudio de fábulas publicadas durante los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX en la Nueva España.
Al iniciar su participación, Víctor Manuel Chávez Ríos explicó que la información presentada forma parte de un proyecto de investigación de largo aliento orientado al rescate de fábulas publicadas en ese periodo, con el propósito de ampliar el conocimiento sobre autores y obras que han recibido menor atención dentro de la literatura novohispana.
En este sentido, señaló que, aunque José Joaquín Fernández de Lizardi es el fabulista novohispano más conocido, particularmente por sus Fábulas del Pensador Mexicano, publicadas en 1817, existen otros autores cuya producción permite ampliar la comprensión de este género y de la sociedad en la que fue desarrollado.
Entre los fabulistas recuperados por la investigación, los dos investigadores pusieron evidencia a Joseph Agustín de Castro, quien publicó cuatro tomos de Miscelánea de poesía sagrada, obra que incluye 14 fábulas en el segundo tomo; José Ignacio Basurto Aguilar, autor de Fábulas morales, de 1802; Luis de Mendizábal y Zubialdea, con Dieciséis fábulas políticas y militares, aunque en realidad se trata de 17 fábulas publicadas en 1821, y Juan Nepomuceno Troncoso Bueno, quien publicó fábulas en 1819.
A partir de una selección de estas obras, el investigador abordó la transición del barroco al neoclasicismo en la literatura mexicana y destacó que, en opinión de diversos especialistas, entre ellos Bolívar Echeverría, “México tiene la modernidad de lo barroco”.
Bajo esa visión, Chávez Ríos planteó que los estudios sobre la literatura y la cultura novohispanas permiten advertir un proceso de sincretismo cultural que posteriormente dio paso a lo que se identifica como “eclecticismo criollo”, fenómeno que, explicó, puede observarse tanto en la pintura como en la literatura y otras expresiones artísticas.
Según expuso, este eclecticismo incorporó elementos barrocos y neoclásicos y desarrolló una postura distinta de la europea, cuyo origen puede ubicarse desde la segunda mitad del siglo XVIII. En este contexto, señaló, la Nueva España experimentó entre 1750 y 1800 una transformación política, una reconfiguración social y una renovación cultural, procesos que contribuyeron a la progresiva conformación de una identidad novohispana.
Asimismo, explicó que esta transformación estuvo atravesada por posturas provenientes tanto de la religión como de la razón, circunstancias que también se reflejaron en la producción de los fabulistas, quienes recurrieron a discursos morales y religiosos.
De manera particular, el investigador destacó que durante la segunda mitad del siglo XVIII la fábula comenzó a transformarse en un instrumento político. En ella, añadió, confluyeron elementos característicos del eclecticismo criollo, como la poesía religiosa, la sátira, los escritos morales, los textos didácticos, la historia con interés por el pasado indígena, el periodismo y la filosofía.
Chávez Ríos explicó que estos elementos llevaron a que la literatura de la época abordara debates relacionados con la educación, la sociedad, el conocimiento y la autoridad, mientras que la fábula reflejaba, desde su particular estructura narrativa, las discusiones ideológicas de su tiempo.
Otro de los aspectos abordados por los investigadores fue la dificultad que implicaba publicar durante ese periodo. Al respecto, explicaron que las fábulas, por tratarse de textos breves, encontraron diferentes mecanismos de circulación, entre ellos las hojas sueltas que se ponían a la venta, los periódicos y los libros.
A partir de este recorrido, los investigadores destacaron que el estado actual de la investigación permite reconocer diversas aportaciones, entre ellas la identificación de varios fabulistas novohispanos, el reconocimiento del eclecticismo criollo en la literatura, la valoración de la fábula como género literario y la identificación de su tendencia polémica y política.
Posteriormente, Nancy Erika Acuña Aguayo detalló los hallazgos relacionados con cuatro de los fabulistas recuperados por el proyecto y ejemplificó las características de sus obras mediante la narración de algunas de sus fábulas.
Así, explicó que algunas de estas composiciones recurren a animales para representar situaciones y comportamientos propios del contexto novohispano. Como ejemplo, mencionó El tabernero, de Joseph Agustín de Castro, donde la zorra adquiere características novohispanas mediante una referencia al adormecimiento provocado por el alcohol.
De igual manera, Acuña Aguayo señaló que algunas obras aparentemente dirigidas al público infantil contenían en realidad críticas de carácter político y social. Como muestra de ello, presentó las Fábulas morales, de José Ignacio Basurto y Aguilar, y particularmente Las hormigas Buxilera, y Arriera, cuya moraleja se relaciona con cuestiones locales de la sociedad novohispana.
Asimismo, hizo referencia a El mono vano, de José Joaquín Fernández de Lizardi, donde identificó la presencia de referencias a dichos, así como a las fábulas políticas y militares de Luis de Mendizábal y Zubialdea, ejemplos que permitieron mostrar la diversidad temática y estilística que adquirió el género durante ese periodo.
A partir de estos ejemplos, la investigadora resaltó que, si bien los autores novohispanos conocían las antiguas tradiciones fabulísticas y las obras europeas, el género adquirió un estilo y un carácter local y americano, al incorporar circunstancias, preocupaciones y formas de pensamiento propias del contexto en el que fueron creadas.
Finalmente, Víctor Manuel Chávez Ríos retomó la palabra para exponer dos casos polémicos, mediante los cuales mostró cómo la fábula también podía convertirse en un medio de enfrentamiento ideológico y político.
Al respecto, explicó que las polémicas entre fabulistas no solamente tenían una función atractiva para la difusión de las obras, pues los autores contaban con públicos, seguidores y compradores con orientaciones diferentes. Sin embargo, añadió que estas confrontaciones también permiten observar la importancia de la fábula como documento para aproximarse a la cultura de la Nueva España.
En este sentido, Chávez Ríos destacó que este género literario constituye una fuente relevante de información sobre la identidad mexicana, además de haber funcionado como instrumento ideológico y como recurso de instrucción gracias a su carácter nemotécnico, que facilitaba la transmisión y permanencia de las ideas.
La realización de este segundo ciclo representa, de acuerdo con los organizadores, una oportunidad para acercar los resultados de la investigación académica a públicos más amplios y generar espacios de diálogo en torno al patrimonio histórico, literario y cultural de Zacatecas y de México. Bajo la premisa “Es un placer investigar y un deber difundir”, el programa continuará con las siguientes conferencias que integran esta edición del ciclo, en el marco del 25 Festival Barroco de Guadalupe, Zacatecas 2026.
Texto y fotos: Anne Leyniers Wilgain, Programa de Divulgación y Difusión de la UAEH UAZ/ Revisión: Pamela Girón.





